Roy Cordero
Me toca a mí escribir estas líneas de esta locura que empezó como un delirio entre las nubes de rabia y se fue transformando acaso en el viaje más increíble, el más profundo de mi vida. Sin duda soy otro; el mismo, pero bien distinto. Un amigo mexicano me dijo que aún no me caía los veinte de lo que iba a hacer, que pasaría tiempo hasta que poco a poco fuera dimensionando todo lo que había vivido, todo lo que me habrá dejado los 40 mil kilómetros recorridos de norte a sur y sur a norte, las más de cinco veces que cruzaría la cordillera de los Andes en un sentido o en otro, los impresionantes paisajes que me rodearían, las decenas de personas maravillosas que conocería el camino.

Hace mas de 4 meses ni siquiera yo mismo estaba seguro de que llegaría a este punto. Había aprendido a andar en moto apenas un tiempo antes, no me había trazado más que una línea imaginaria en un mapa impreso sin demasiados detalles, no sabía cuánto dinero necesitaría ni si la indumentaria que llevaba era la adecuada. Todo lo fui aprendiendo sobre la marcha; incluso hasta qué punto podía desafiar mi paciencia. Pero ahora estoy entre un punto intermedio entre Bolivia y Perú, a unas pocas minutos de que me cierren el internet y muchas horas de viaje, hambre, frio, esperanza y suciedad



Comencé por encarar la entrada a Valencia Estado Carabobo, y de ahí tomar vía San Carlos para después de mucho llegar a Barinas recordando aun la triste despedida entre mi viejo y yo. pocas veces de grande se me quebraba la voz tratando de mantener la fortaleza necesaria del momento pensando en petunia, charly y christian, mis amigos mi gente, y viendo nuevamente atrás luego de manejar por cerca de 7 horas seguidas digiriendo en ese momento que era el inicio de algo planificado por 3 meses. en la autopista de Barinas ahí empiezo lo bueno, la ultima vez que me fui hacia ese rumbo me fui la misma ruta pero en carro, mucha diferencia, también algo que marca la diferencia es ir con otra moto, las distancias marcan mayor seguridad los autos y camiones no se pegan tanto y respetan mas.


El sol calentaba a todo el termostato que podía mientras los zancudos o mosquitos golpeteaban con suma desesperación el parabrisas de mi casco marcando y rayandolo tal como una tormenta de piedras abrazándome en varias direcciones, ya estaba en el estado barinas tierra de las mujeres mas bellas de Venezuela y las "carreras" entre los camiones "anchilargas" eran comunes en mis horas de ruta, quiero pensar que de esa forma nos ayudabamos ambos a estar mas atentos y despiertos, formabamos una especie de fraternidad viajera, la misma que durante todo mi viaje estaría desesperadamente buscando entre todos los viajeros y choferes.

 
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